Europa: ¿proyecto fracasado?

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La vieja Europa tiene un gran reto por delante. Llevar de la mano a los países que son parte de él hacia un futuro de paz, concordia y hermandad. Porque no ha sido fácil llegar a donde ha llegado, por que ha superado muchos obstáculos pero se enfrenta a otras cuestiones que requieren respuesta a corto y medio plazo.

Es innegable los éxitos de la creación y expansión de lo que llamamos ahora Unión Europea. Parecía imparable el avance desde el corazón de la región hacia el norte, el sur y el este. Pero son momentos de estancamiento. Europa ha frenado su expansión e incluso parece que comienza un repliegue ante la decisión británica de abandonar la Unión.

Hagamos un paralelismo. En tiempos de Roma parecía que Europa estaba destinada ha ser gobernada por los hijos de Rómulo y Remo, pero en un momento de su historia, en el siglo III de nuestra era, la expansión dejó de ser un objetivo para centrar toda la energía en mantener sus fronteras. Y aquella decisión fue el principio del ocaso romano.

Con esto no quiero decir que en la Europa contemporánea estemos ante semejante escenario. A donde quiero llegar es a otra cosa. La historia de Europa nos enseña que existen momentos de bonanza y tiempos de crisis y en estas circunstancias nos encontramos ahora, pero ¿cuáles son los retos a los que se enfrenta?.

La historia de Europa es algo más que un bello nombre femenino, es una realidad que se ha ido forjando en el tiempo y en el espacio. Un continente en el que se fundieron pueblos culturas y lenguas. Un continente con una historia temprana y con grandes contradicciones.

Por un lado, el continente abandonó  pronto las costumbres “bárbaras” (la de aquellos pueblos adoradores de la luna y el sol, organizados en tribus y dirigidos por un gran guerrero ) padeciendo un proceso paulatino de aculturación que arrasó con las culturas regionales. Griegos y romanos aportaron su lengua, organización y filosofía para construir un mismo edificio.Pero en la otra cara de Europa existe la tendencia a la atomización política, a la vuelta a la barbarie, o el nacimiento de nuevas entidades nacionales que fragmentaron en partes a una mujer que siempre mira hacia el Atlántico.

Con la destrucción del Imperio Romano, desaparece la “pax romana” y con ella, la unidad del continente. Los reyes germánicos actúan como caudillos y establecen peculiaridades regionales que anuncia el amanecer de las naciones como Castilla, Francia, Aragón e Inglaterra.

Este proceso culmina en el momento en que estos reinos con un cierto carácter nacional se identifican con un Estado. El monarca deja de ser su dueño. La nación solo pertenece al pueblo. Y así se completa el proceso de división europea con el nacimiento del principio de Nación-Estado en el convulso siglo XIX, siendo Italia, Alemania, Francia  arquetipos de este concepto.

Pero el europeo “avanza” (si es que lo podemos llamar así ) hacia modelos más concretos y excluyentes. El Estado se consolida en el momento que es capaz no solo de diferenciarse de los demás sino de demostrar su propia superioridad como pueblo , lo que llevó a la autodestrucción.

La bellísima princesa Europa , hija de los reyes de Tiro sufre en su corazón el dolor de dos guerras mundiales ante la falta de diplomacia que fomentaba los nacionalismos de  la época.

¿Y ahora qué?, dice Europa.

Hemos vivido muchas cosas. Ser gobernados por una mano. También hemos preferido potenciar nuestras peculiaridades pero las hemos llevado cada uno a su extremo y tampoco nos ha llevado a la paz.

¿Y ahora qué?, dice Europa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el proyecto fracasó por el deseo de una nación de imponer lo que quería en Europa.

Cansados muchos  de tanta barbarie. Cansados de la discusión y las falsas diplomacias entre nosotros se plantea una nueva fórmula. Europa no solo pide paz, pide paz y concordia duradera y para eso es imprescindible dejar a un lado lo que nos diferencia y descubrir nuestra esencia para encontrar lo que nos une.

El proyecto que supone el nacimiento y creación de la Unión Europea es el deseo de romper un bucle en nuestra historia. Acabar con las cadenas del odio, las ambiciones nacionales y la desconfianza mutua.

Es importante reflexionar acerca de lo que fue de Europa, de lo que  es en la actualidad y a proyectarse hacia el futuro de sus ciudadanos. Si tomamos consciencia de lo que somos y practicamos la solidaridad  y la empatía haremos de Europa un modelo de convivencia y desarrollo a imitar.

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